
El aroma del río era el despertador perfecto. Nos habíamos instalado en "La Balsa", el complejo de cabañas de mi amigo Walter, justo donde el Río Grande lame la orilla. Lo de Walter es más que un alojamiento; es un rincón de pescadores con un precio súper accesible. La vista desde la cabaña ya te decía que estabas en el paraíso de Trevelin.
El primer día, la misión era el Río Grande. Walter nos había asegurado que las truchas estaban "activas", y no mintió. Eran truchas hermosas y peleadoras, de esas que te hacen sentir cada vibración hasta el codo.
Lo más divertido era nuestra técnica. Pescábamos con mosca, ¡pero sin equipo de mosca! El sistema que usamos es una joya de la inventiva patagónica:
Se trata de una pequeña boya que se carga de agua para darle peso. Después, un chicote de tanza y, finalmente, la mosca. El peso de la boya llena nos permitía ganar distancia con un lance de spinning convencional. No hacía falta cargar con la costosa caña de mosca; con la de spinning, podías poner tu Royal Wulff o tu Adams justo donde querías.
Cada pique era un desafío electrizante, y ver cómo la trucha saltaba buscando liberarse de la mosca era un espectáculo. El Río Grande nos regaló una jornada inolvidable de capturas y risas, el agua corriendo como banda sonora.
Al día siguiente, decidimos cambiar de escenario y nos dirigimos al Puerto Limonao. La vista era sencillamente bellísima. El agua era tan súper clara y cristalina que podías ver las piedras del fondo, un espejo natural rodeado de montañas. Aunque el desafío era mayor por la visibilidad, la paz y el paisaje valieron cada minuto.
Pero la guinda del viaje llegó el último día en el Río Percy. Esta vez, el maestro fue mi nieto. Armamos los equipos y, con una soltura increíble para su edad, se puso a mostrarme cómo se hacía.
"Así abuelo, tenés que acompañar más el lance," me decía mientras su boya con agua y mosca aterrizaba suavemente en el punto exacto.
Me dio una clase magistral de lanzamientos correctos, ¡ja ja ja! Fue un momento invaluable: el rol se invirtió, y yo fui el alumno en las aguas del Percy.
Fue un viaje perfecto: truchas espectaculares, el alojamiento y la amistad de Walter en "La Balsa", y la alegría de compartir la pasión en el río con mi nieto. Trevelin y sus ríos nunca defraudan.
COMPLEJO LA BALSA : https://www.instagram.com/labalsacomplejo/?hl=es









El sol de la mañana se reflejaba en el agua calma del Río de la Plata. El aire era limpio y vibrante, perfecto para lo que se había planeado: festejar el Día del Curtidor no con cueros, sino con la adrenalina de la pesca.
A bordo de la pequeña lancha, curtidores de oficio y pescadores de pasión, brindabamos con un rico mate amargo.
Era un día espléndido, de esos que te cargan las pilas. El cielo, de un celeste profundo, no tenía ni una nube.
Llegamos al punto elegido y lanzamos los señuelos. No hubo que esperar mucho. Un grito rompió la serenidad del agua:
—¡Pique! ¡Tremendo!
La caña se arqueó con violencia, y el reel comenzó a cantar. Sabíamos lo que era: el Dorado, el "tigre del río", había atacado. La lucha fue intensa. El pez saltaba fuera del agua, mostrando su lomo dorado brillante bajo el sol, haciendo acrobacias para librarse. Era pura potencia.
Un ejemplar magnífico, de esos que hacen que valga la pena la jornada. Le sacamos una foto rápida al ejemplar, que parecía sonreír con sus potentes mandíbulas, y lo devolvimos al agua con cuidado, viendo cómo se perdía en la profundidad.
La jornada continuó con más piques y adrenalina. Cada Dorado capturado y liberado era un doble festejo: el del hermoso día de sol en el Río de la Plata y el de su día, el Día del Curtidor, celebrado de la mejor manera posible: con la amistad, el río y la noble lucha del "señor" Dorado. Al volver al embarcadero, el cansancio era grande, pero la sonrisa, más grande aún. Un día perfecto.




El sábado salí nuevamente con el guía Manu desde lo del Alemán a pescar en Hudson.
Esta vez nuestro guía decidió ir a las boyas Punta Memoria y con un viento oeste nos dirigimos al punto elegido en busca de pejerreyes de buen tamaño.
Los piques eran escasos pero cada pejerrey que levantábamos colmaba la expectativa que teníamos. Una treintena de ellos fue suficiente para estar satisfechos con la pesca.
Guía Manu tel:1123053932







Finalizó una nueva edición de la Feria de Caza, Pesca y Outdoors, y no cabe duda de que fue todo un éxito. Desde el primer día, la afluencia de público fue impresionante: una multitud de personas recorriendo los stands, curiosos y apasionados por igual, lo que dio al evento una energía contagiosa y muy agradable. Fue emocionante ver a tantas familias disfrutando del ambiente; niños, jóvenes y adultos compartiendo un interés común y aprovechando cada rincón de la exposición.




Los expositores se lucieron: una oferta diversa y de calidad que cubrió todas las expectativas. Había desde marcas reconocidas hasta propuestas nuevas e innovadoras, todas con productos pensados para quienes disfrutan de la vida al aire libre. Además, los precios y promociones que se ofrecieron resultaron inigualables; muchos visitantes aprovecharon ofertas especiales que no suelen encontrarse en otro contexto, lo que sin duda favoreció las ventas y la satisfacción general.



Uno de los aspectos más enriquecedores fueron las charlas y exposiciones. Se organizaron presentaciones muy interesantes que atrajeron a un público atento y participativo. Los temas abordaron desde técnicas y novedades en pesca y caza hasta recomendaciones prácticas para el cuidado del equipo y la seguridad en el campo. Estas actividades no solo informaron, sino que también generaron debates y un espacio de intercambio de experiencias entre asistentes y especialistas.



La feria se vivió también como un encuentro de amigos y clientes. Muchos coincidieron con conocidos, se reencontraron con colegas de otras temporadas y consolidaron vínculos comerciales en un ambiente distendido y cordial. Esta dimensión humana del evento—compartir anécdotas, consejos y risas—fue, sin duda, uno de los grandes valores que dejó la exposición.



No podemos dejar de mencionar la oferta gastronómica, que mantuvo un nivel alto durante toda la feria. Puestos con comidas sabrosas y opciones variadas permitieron que los visitantes repusieran energías sin salir del espacio del evento, lo que contribuyó a una experiencia completa y placentera.
En resumen, fue una feria vibrante: multitud de gente, excelentes expositores, promociones atractivas, charlas de calidad y un ambiente familiar y amistoso. Todo ello conformó un encuentro memorable para los amantes de la caza, la pesca y las actividades al aire libre. Con la satisfacción de haber compartido estos días junto a tantos entusiastas, queremos anunciar que estaremos presentes el próximo año. Nos vemos allí para seguir disfrutando, aprender juntos y celebrar lo que nos apasiona.

Amigos
El sábado fui invitado a pescar embarcado en Hudson. Cómo siempre salimos desde lo del Alemán que nos bajo con su tractor hasta encontrar agua ya que había una bajante importante y teníamos 300 mts de Playa.
Salimos con los servicios del guía Manu en un tracker muy cómodo.
Navegamos unos 10 minutos y Gastón vio unos borbollónes en el agua y decidimos probar en ese lugar. Teníamos viento de tierra por lo que el garete nos llevaría para adentro.
Un solo garete en todo el día y terminamos a unos 6000 mts de la costa. Los piques no se hicieron esperar. Todos pejerreyes de buen porte y de hasta 1 kilo. Varios dobletes que se repitieron durante toda la jornada.







Tanto en la proa como en la popa se daban los piques.
En la propa pescamos Fede y yo y en la popa Marcelo y Gastón siempre con la colaboración de nuestro guía y amigo Manu que a pesar de estar entripado fue un colaborador incansable.
Muchos pejerreyes chicos devueltos al agua y terminamos la jornada con 50 pejerreyes de buen tamaño
Una vez más mil gracias a Marcelo, Gastón, Fede y Manu por la hermosa jornada que me hicieron pasar...la pasamos de diez
Guía Manu tel:1123053932






